Palabras que no se olvidan, frases que crecen con lo que ya sabes, y tu propia voz desde el primer día.
Sin tarjeta. Funciona en el móvil como una app.

Elegir la opción correcta cuatro veces seguidas no es saber inglés. Aquí cada palabra se trabaja por cuatro caminos —reconocerla, recordarla, oírla y decirla— y no se da por sabida hasta que aguanta los cuatro.
Cada palabra vuelve justo antes de que la olvides. Ni antes, que aburre, ni después, que ya se fue.
Una frase entra en tu sesión cuando ya conoces sus palabras. Con 40 palabras salen frases de cinco; con 400, de doce.
Decir frases, shadowing encima del audio, responder a situaciones. Con el micrófono de tu móvil, sin coste.
260 tarjetones ilustrados. Ves una panadería y dices bakery, sin pasar por el español. Así se deja de traducir en la cabeza.
Cada tema con su tabla, su regla y el error típico del hispanohablante. Primero se entiende, después se practica.
Un día cuenta cuando estudias de verdad: minutos y ejercicios mínimos, los que tú fijes. Nada de abrir la app y ya.
Todos dibujados con el mismo trazo, para que lo único que cambie sea lo que te preguntan.




Cinco minutos al día son suficientes si la app hace su parte. Esta la hace.
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